5 x 5 ¿RIMA FÁCIL?. SIMPLE MINDS. Sala Riviera. Madrid, 15 de febrero.

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Qué agridulce es la nostalgia, oiga. Primero te sumerges en el dulzor de un periodo de tu vida en el que eras más feliz que una perdiz y luego te viene todo el amargor de golpe cuando, estés mejor o peor en comparación con, digamos los 80, te das cuenta que en cualquier caso ha pasado el tiempo y que el tictac (¡¡¡¡¡by the way, gracias Nacho por traernos a casa¡¡¡¡¡¡¡) de la cuenta atrás suena cada vez más alto y más rápido.

Que no, que no me he dado ningún golpe en la cabeza ni me he vuelto a beber el frajko del tinte. La música es lo que tiene, que estando bien, mal o reguleramente ejecutada te traslada a otros mundos, otras realidades, ya sean propias o ajenas. Y si ayer no acabe llorando al encenderse las luces de la Riviera tras el concierto de los viejunos de Glasgow es porque había hecho el esfuerzo de pintarme el ojo de brilli-brilli y hubiera quedado más patente aún el paso inexorable del jodío tiempo por mi rostro.

Algunos pueden pensar que el ejercicio de flash-back que hicieron ayer los Simple Minds al centrarse "solamente" en cinco canciones de cada uno de sus primeros cinco discos fue un “bálsamo rejuvenecedor”. Para mí fue más bien momificador. Sentí mis arentaytantas castañas aterrizar en mí con todo su peso cual marron glacé.  Otros dirán que se hicieron un tributo (ahora que son tan trendy) a ellos mismos sacando lo más friki de su dilatada carrera musical. Para mí fueron el empezose del acabose.

Siempre surge esa pregunta de ¿y ande son estos nenicos? ¿americanos o ingleses? En aquella muy lejana galaxia de los 80 donde, o eras de una tribu o eras de otra y no había mástutía,  la duda ofendía: son europeos y a mucha honra. Porque ya entonces con nuestro ingreso en el entonces prestigioso club de la CEE creíamos que le podíamos dar caña (o al menos toser) al “imperialismo yanqui” (permitidme esta añeja expresión ya que estamos hoy en un entorno tan trasnochado). Pero me temo que a día de hoy sigue pasando que cuando las alas de una mariposa se abren en Lehman Brothers algo arde en Atenas. Y esto no hay Obama que lo resuelva ni aunque le den el Premio de la Paz nada más llegar y por si acaso.

Que sí, que vale, que ya me dejo de parloteos populistas demagógicos y me centro en el concierto. Efectivamenteysí los imposibles flequillos se han convertido hoy en brillantes calvicies (o alopecias incipientes en los más afortunados) y/o peinados marujiles versión Marco Aldany (o lo que quede de ello, andevamosallegar). La cintura del pantalón sigue siendo más sobaquera que colgandera pero ya no la rodea un cinturón de pirámides. Y los abdominales se han transformado en un sutil flotadorcillo. Pero yo me pregunto, ¿es que los conciertos son patrimonio exclusivo de la juventud? Ahí queda eso pero ¿el intermedio de 15 minutos en medio del concierto, se debe a motivos prostáticos? ¿Y eso de empezar a las 9 o'clock fue para que no nos subiera el azúcar acostándonos tan tarde? .

En cualquier caso gracias a ese bajo que fue lo mejor de toda la ejecución musical propiamente dicha (es lo que tiene reemplazar el original por uno güeno-güeno de estudio) pude bailar el Love song o el Promised you a miracle con ese movimiento de dalealacaderaparriba mientras cierraseltibillocontrario que otrora bordara la Torroja. Aunque ya no llevo en el bolso el bote de laca para cardarme el pelo cada cinco minutos (afortunadamente para la capa de ozono y para mi lumbago), eran tiempos en los que ser un bicho raro (coocooned up in badlands) no era ni guais ni chic.

Por supuesto que hubo Glittering Prize pero afortundamente no hubo ni Daleeeeeeeee al kikiiiiiiiiiii ni Don’t you. Y nos da exactamente igual si el Kerr le pasa la pensión a la Hynde o viceversa o siguen siendo ambos dos unos Pretenders.

Pero el mayor dulzor/amargor me llegó sin duda con el Someone, somewhere in summertime. Antes, con esa guitarra que entonces sonaba tan épica (y que ayer me sonó un poco truñita, la verdad) siempre me veía en un futuro muyperoquemuy esperanzador y siempre bajo el sol que más y mejor calienta. Pero ayer en vez de regresar al futuro lo hice al pasado. Y era eso o verme en el Geriátrico que regentaré junto a ese queridisisisimo amigo (si no me tacha antes de su lista) cuyo plan inicial no solo he hecho mío si no que ya lo estoy cambiando como me sale del funki (qué me gusta refritolear tipo “damealhombreperfectoqueyaloharéyoamimagenysemejanza”)  e incluso me he atrevido a cambiar el nombre Nexus (que me suena a clínica pija a la que van los vips a operarse la nariz) por el de Deckard. Aunque creo que Ridley y su Prometeus nos puede traer, entre otras sorpresas, un nuevo nombre “consensuado” para nuestro asilo en el Caribe.

Vamos, que al hacer el chin-pón de ese 5 x 5 + 5 y me llevo una, además de no hacer la rima, se me quedó la misma mueca en la cara que cuando me como un pepinillo agridulce: qué ácido. Pero qué rico. O viceversa.

Yunacosicaosvoyadecir:

Kyoto in the snow but heaven's far away
Sending their love - passion parade
Hunter and the hunted
With me first times can never lie